Las rutas recomendadas de la Vega Baja también llevan a Rojales, población que ha sabido aprovechar su situación privilegiada desde la antigüedad, para poner en valor un paisaje único en el mundo, la huerta. No hay que perderse el Museo de la Huerta, en la antigua hacienda Don Florencio, en la partida de Saavedra, las cuevas del Rodeo ejemplo de arquitectura popular troglodítica o el conjunto hidráulico monumental urbano de la villa, conformado por el gran azud, las boqueras de la acequia, la noria y un extraordinario puente de sillería construido por el rey Carlos III. Recordamos a nuestro lectores que la urbanización Ciudad Quesada, entorno único y privilegiado para vivir, se encuentra al lado de Rojales.

La Huerta de la Vega Baja representa un testimonio paisajístico del trabajo del hombre para afronta la necesidad de gestionar el agua y garantizar su aprovechamiento. En el parque del Ladrillar encontramos Los aljibes de Gasparito, construidos para almacenar el agua que dejan las lluvias torrenciales de primavera y otoño. Dos acequias a cielo abierto de más de un kilómetro de longitud cada una rodean las laderas del cerro del Cabezo del Molino hasta confluir en una alberca circular desde donde toman el agua las bocas monumentales de los aljibes subterráneos rectangulares excavados en la montaña, con capacidad de dos millones de litros. Próximo a los aljibes se alza un molino de viento datado en el siglo XIX, recientemente restaurado y que sigue en funcionamiento.

Más allá del valor patrimonial y el interés turístico de esta arquitectura hidráulica y agraria, las rutas que atraviesan esta huerta representan una oportunidad para sumergirse en un paisaje marcado por las técnicas musulmanes, que regulaban no sólo la colonización agraria, sino también las formas de cultivo y la distribución justa y eficaz del agua del río Segura mediante una compleja red de acequias, azarbes y azudes.

Y finalmente llegamos a Orihuela, cuna del poeta Miguel Hernández, cuya memoria se evoca a través de la ruta senderista en honor de este poeta universal. Esta ciudad, sede episcopal desde el siglo XVI, cuenta con uno de los patrimonios histórico-arquitectónicos más ricos de la Costa Blanca y acoge unas fiestas de Semana Santa declaradas de Interés Turístico Internacional desde el año 2010. El casco histórico ha sido reconocido como Conjunto Histórico Artístico Monumental y, entre sus monumentos civiles destacan el castillo, ubicado en la cumbre del monte San Miguel, las murallas y una decena de palacios señoriales. Pero lo que verdaderamente singulariza a Orihuela es su patrimonio eclesiástico, en el que se integran joyas arquitectónicas como el colegio diocesano de Santo Domingo, la Santa Iglesia Catedral del Salvador, la iglesia de las santas Justa y Rufina, el santuario de Nuestra Señora de Montserrate o la iglesia de Santiago.

La información publicada en este artículo proviene del sitio web de promoción turística de la Costa Blanca.

Para más información sobre Torrevieja, recomendamos leer nuestro artículo La Vega Baja, oasis de arte, agua y sal – Primera parte.

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